Los hechos son muy sencillos: el 10 de febrero de 1910, el vicealmiranteWilliam May, al mando de la escuadra de la armada británica fondeadaen Weymouth, recibió un telegrama en el que se le advertíade la llegada de una delegación imperial abisinia con su séquito.Llegaron los visitantes, se les rindi...
Los hechos son muy sencillos: el 10 de febrero de 1910, el vicealmirante William May, al mando de la escuadra de la armada británica fondeada en Weymouth, recibió un telegrama en el que se le advertía de la llegada de una delegación imperial abisinia con su séquito. Llegaron los visitantes, se les rindieron honores militares, se les enseñó el buque insignia de la escuadra, se les agasajó y se fueron. Días después se supo que la delegación abisinia estaba formada por un grupo de impostores convenientemente disfrazados: el intérprete era en realidad Adrian Stephen, hermano de Virginia Woolf; el papel de emperador Makalen fue encarnado por Anthony Buxton, en su juventud atleta en Harrow, y componían el distinguido séquito de abisinios Duncan Grant, pintor, primo de Lytton Strachey, Guy Ridley, hijo de un magistrado, y nada menos que la propia Virginia Woolf, en el papel del Príncipe Ras Mendax. Sus motivos: llevar a cabo un original acto para burlarse del excesivo respeto otorgado a las liturgias del poder. Después de la generosidad con que la prensa trató el asunto de la inocentada (el Express y el Mirror dieron la noticia en primera página con grandes titulares y fotografías), el caso se convirtió en debate parlamentario, y hubo interpelaciones dirigidas al primer lord del almirantazgo. La presente edición de La inocentada del acorazado, publicada bajo su propio nombre por Adrian Stephen en 1936, va precedida de un prólogo de Quentin Bell a una reciente edición inglesa de la obra, y acompañada del relato La sociedad, que Virginia Woolf escribió inspirándose en los hechos. Todo ello introducido de un modo tan ameno como esclarecedor por Dámaso López García.
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