Vivimos en una sociedad en la que la felicidad se ha convertido en nuestro principal modo de vida. Es necesario predicarla y extenderla a través de cualquier red social a la misma velocidad a la que estalla una reacción en cadena. Nadie nos explicó que tendríamos que lidiar con otros sentimientos co...
Vivimos en una sociedad en la que la felicidad se ha convertido en nuestro principal modo de vida. Es necesario predicarla y extenderla a través de cualquier red social a la misma velocidad a la que estalla una reacción en cadena. Nadie nos explicó que tendríamos que lidiar con otros sentimientos como la tristeza, el dolor o la ira. Y, si por un casual nos lo explicaron, nos sugirieron que una píldora nos ayudaría a calmarnos. Quizás la afirmación anterior no se desvíe tanto de la realidad. El problema es apagar nuestro dolor constantemente sin haber aprendido un poco de él antes. Al dolor no se le evita, al dolor se le abraza. Y se deja que husmee en cada rincón de nuestro ser. Porque casi siempre, lo bello duele. Y todo lo que duele nos ayuda a crecer.
'Nadie me enseñó a doler' es el número 52 de la colección Ites de poesía.
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