Debido a varios días de insomnio, una señora de 61 años puede ver a los duendecillos que, según la tradición popular, son hombrecitos que esconden objetos o los cambian de lugar. Ella descubre que no solo son traviesos, también son malvados. Atrapa a uno al que, después de haber muerto, le abre el a...
Debido a varios días de insomnio, una señora de 61 años puede ver a los duendecillos que, según la tradición popular, son hombrecitos que esconden objetos o los cambian de lugar. Ella descubre que no solo son traviesos, también son malvados. Atrapa a uno al que, después de haber muerto, le abre el abdomen para convencer a la gente, incluido su infiel esposo, de que tales seres no son un mito, sí existen y se ensañan contra bebés y ancianos sedentarios, quienes también pueden verlos. Con la ayuda de una vecina, la señora se empeña en hallar el método para que todo el mundo pueda ver a esos entes diminutos.
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