El emperador de Zurcebotones quiere hacerse un traje nuevo para el desfile anual de su reino. Para ello, reta a los diseñadores del país a hacerle un atuendo excepcional. Todos ellos fracasan porque intentan imponer sus propios gustos.
Una sastra, Lulú Canesú, consigue, sin embargo, crear un traje que gusta al emperador, aunque les resulta extravagante a sus súbditos, que tendrán que reconsiderar sus opiniones. El cuento es una defensa de uno mismo, de lo que cada cual es y de sus propios gustos.