«Ángel Herrero Rey en La soledad de los equilibristas, Ángel Herrero Rey, AHR, no lo sabe, pero es un recipiente que alberga poetas y borrascas.
Hasta hace diez años no los dejó respirar aire puro, pero un buen día abrió la puerta y sus poetas invadieron la plaza pública, el ágora.
De esos heterónimos poetas, cada uno con su borrasca a cuestas, solo uno tiene nombre, Ray, que es como AHR firma todos sus poemas. Ray, en La soledad de los equilibristas, viaja desde los confines del pasado, el espermatozoide que lucha desde su primera odisea, hasta la gloria. En el camino hay ajustes de cuentas con la familia y consigo mismo, viaja en sueños y en moto, galopa al oeste americano, y se adentra en la cocina y en los olores de su madre.
A veces se enfrenta al espejo cabrón, en el que, a veces, en vez de su rostro aparece el de su padre, a veces.
A alguno de los heterónimos de Ray AHR le gusta jugar a hacerse el muerto y a las adivinanzas, a otro el ron, los besos, los abordajes y la fruta prohibida, otro se columpia con el equilibrio de los solitarios.
Ray comprende a sus heterónimos, los reconoce a todos, a todos, a los que caminan vestidos de monaguillos hacia las puertas del cielo, y a los que guardan las puertas del infierno.
Pecadores ellos, porque Ray AHR está invadido del pecado de la poesía».
José Luis de la Cámara