«Por suerte no tuvimos que esperar mucho al autobús y nadie nos vio marchar. Se me hacía extraño dejar la ciudad, abandonarla para dirigirnos a un lugar desconocido, sobre todo porque no teníamos vacaciones y eso, lo sabía muy bien, les rondaba a los chiquillos por la cabeza. Nunca nos habíamos ido de vacaciones, nunca habíamos salido de la ciudad y, de repente, una vida nueva, se me puso un nudo en el estómago, tenía sed todo el rato y me sentía abrumada, pero hacía lo que podía, sí, lo mejor que podía, para que los chicos no sospecharan. Ponernos en camino de una vez sin pensar en nada más, eso quería».
Véronique Olmi, "Orilla del mar"
Acompañada de sus dos hijos, Stan, de nueve años, y Kevin, de cinco, una mujer viaja en autobús a una localidad situada a la orilla del mar. Se trata de la primera vez que se van de vacaciones y a los niños les resulta extraño que su madre haya elegido esa época del año, pues tienen que ir al colegio. Llegan a la ciudad costera de noche y se hospedan en un hotel de poca categoría, cuya pequeña habitación está ocupada casi por completo por la cama. Al día siguiente van a la playa, toman algo en una cafetería y, tras pasar parte de la tarde en la habitación del hotel, se dirigen a una feria. La madre hace todo lo posible para que sus hijos disfruten de esa huida de la rutina. Mientras, la lluvia, que los ha recibido a su llegada, no deja de caer en ningún momento.