El dolor puede enfriar la voz, coagularla hasta helarla en un témpano de tiempo. La voz queda entrecortada en el trauma -que volverá sobre el cuerpo como un flash, como un rayo, como un zarpazo- pero será el retorno del deseo incierto el que, rodando y rodando, podrá ir deshelando la voz. La creación es una aventura del cuerpo y de los signos que permite trasponer el afecto en ritmos. Así, la voz pasará de la amargura al calor, del silencio a la articulación, al sabor de los signos, tozudos contrapesos del sinsentido.
La nueva generación de directoras parece entender el cine como un dispositivo que retrata la soledad más fundamental. Acompaña allí donde no puede acompañarnos nadie, para que eso que se presenta indecible del amor, del sexo y de la muerte pueda poner en forma su imposible traducción.
Las imágenes de las cineastas son deletreadas en este libro por Aarón Rodríguez Serrano, Tecla González Hortigüela, Lledó Morales Roig, Edurne Larumbe Villarreal, Núria Molines Galarza, Endika Rey, Anna Tarragó, Enma Calvo Olloqui, Mari Carmen Blanco Peris, Manuel Canga Sosa, Marta Martín Núñez, Carolina Morales Morales, Itxaso del Castillo Aira, Jordi Revert Gomis, Clara Heras Martínez, Mariana Freijomil Seoane, Ludovico Longhi, Jessica Izquierdo Castillo y Shaila García Catalán.