Todo aquel que quiere estar en la realidad ha de conocerla. La presencia del hombre, a diferencia de otras formas de vida, requiere la comprensión de sí mismo y de sus circunstancias. Un hombre que desconoce la realidad en la que se encuentra, se desconoce a sí mismo y no es capaz de asistir a su mo...
Todo aquel que quiere estar en la realidad ha de conocerla. La presencia del hombre, a diferencia de otras formas de vida, requiere la comprensión de sí mismo y de sus circunstancias. Un hombre que desconoce la realidad en la que se encuentra, se desconoce a sí mismo y no es capaz de asistir a su momento histórico, a lo propio de su tiempo, por falta de la falta de compresión. Ahora bien, para conocer la realidad que “nos ha tocado vivir”, se nos impone la tarea de comprender lo que la historia de las ideas denomina postmodernidad, y el legado filosófico que han dado forma a las ideologías políticas que desde hace medio siglo configuran nuestras sociedades occidentales.
No son pocos los intelectuales que dedican su carrera y sus investigaciones a comprender los cambios de cultura, costumbres y comprensión de la realidad que dan forma a su sociedad. La toma de conciencia de los fenómenos sociopolíticos no es prescindible para aquel que quiera estar en la realidad. Esto cobra especial sentido e importancia cuando lo característico de nuestras sociedades ha empezado a ser precisamente lo que podríamos llamar una crisis de la realidad, es decir, cuando las lícitas divergencias de opinión y de visiones de la vida se han acentuado tanto que terminan por convertirse en versiones antagónicas e irreconciliables de la realidad, de lo que tiene sentido y de lo que no lo tiene. Nuestras diferencias ideológicas son mucho más que meras diferencias políticas que enfrentan a los distintos partidos. Son diferencias al respecto de qué es real y de cuáles son las fuentes de la realidad, de manera que las propuestas de organización social que ofrecen las distintas posturas políticas se hacen incompatibles con una radicalidad nueva. Esto se evidencia en la falta de genuino debate y discusión política. La falta de calidad y rigor en los debates políticos de nuestros líderes tiene relación con la compresión –radicalmente distinta en muchos aspectos– que tienen de la realidad. Para discutir en algo primero es necesario estar de acuerdo en mucho.
(De la Introducción)
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