Una historia alucinante que bascula entre la autobiografía, la literatura musical y la penitenciaria. Las memorias de un DJ pionero de la música y la cultura de club escritas a trepidante ritmo de funk. Ángel Francisco López Morán (Ciudad de México, 1963) no ha tenido una vida convencional. Tras lee...
Una historia alucinante que bascula entre la autobiografía, la literatura musical y la penitenciaria. Las memorias de un DJ pionero de la música y la cultura de club escritas a trepidante ritmo de funk.
Ángel Francisco López Morán (Ciudad de México, 1963) no ha tenido una vida convencional. Tras leer "Así habló Zaratustra" de joven, decidió que lo suyo no era la religión y se metió de lleno en la música y el arte. Cuando se mudó a Toronto, no tardó en sumergirse en las noches hedonistas y narcóticas de sus modernas discotecas y fue perfilando su afición por la cultura de club. Una de esas veladas locas acabó en Nueva York, bailando en el Paradise Garage con el mítico Larry Levan tras los platos. Tocó en diversos grupos oscuros de influencia post-punk como Jesus and the Mutants o Fandango, que apenas han dejado registro sonoro, aunque también en Bambi, que grabaron un álbum, y en On, que llegaron a producir un disco con Warner Suecia apadrinados por el mismísimo Malcolm McLaren, el mánager de los Sex Pistols. Pero fue como productor y tras los Technics de las pistas barcelonesas bajo el alias de Professor Angel Dust donde se forjó un nombre y se consolidó como uno de los DJ más reputados de los noventa, oficiando en las principales cabinas de la Ciudad Condal y en algunas de las más selectas de Europa, desde donde impartió su cátedra de funk y ritmos rotos. El éxito le llegó con su rutilante versión del "Oye cómo va" de Santana, que lo arrastró hasta el mainstream —del que renegó—, y brilló junto a su hermano Diego Delippo en las noches Bongo Lounge de La Paloma, a principios del nuevo siglo. Sin embargo, todo se vino abajo de golpe cuando se vio inmerso en una trama siniestra que lo llevó a pasar casi cinco años privado de libertad en algunos de los centros penitenciarios más inhóspitos de Panamá. Pese a todo, supo reinventarse entre rejas y reformó un viejo estudio de grabación, donde empezó a trabajar con los reclusos y a grabar música de nuevo. "En el estómago de la bestia" son sus memorias, que avanzan a un ritmo frenético por las luces y las sombras de una vida vivida al límite.
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