“El silencio escapa de su celda, amanece una flor radiante sobre la arcilla”, escribe el poeta Arnaldo M. González, con la certeza de que siempre hay un espacio para luz, y que es el hombre el encargado de entretejer el ayer y los amaneceres que ha soñado. Su poesía es una ventana abierta, conoce la luz y la belleza, así lo expresa en cada poema, en que las palabras adquieren un vuelo infinito, sugerente, ya que “bailan con la música ancestral/ de la paciente pradera sempiterna”. Cada verso define un paisaje, lo expresa con sutileza, sin sombras innecesarias. Las casas representan la vida, con su sueños y paisajes interiores, sin retoques, sabe que la vida no puede zurcirse, así nacen los poemas “Sonrisa”, “La tarde”, “Volver a la vida”, y todos ellos, que en su conjunto, representan los maravillosos instantes de nuestro vivir. Entre ellos el poema “Mi amigo el pintor”, que va “Pintando con colores las madrugadas”, y nos hace más grato, vivificante y amigable el camino.