Junto con Miguel Ángel y Leonardo, Rafael (1483-1520) fue uno de los artistas más importantes del Alto Renacimiento italiano. En su breve vida realizó alrededor de 100 pinturas y nueve ciclos de frescos en los que abordó una variedad de temas inigualable: desde sensuales bellezas femeninas, mitos antiguos y retratos hasta ciclos históricos y escenas bíblicas. También realizó retablos y diseñó tapices para la Capilla Sixtina. Su Madonna Sixtina es una de las pinturas religiosas más reproducidas de todos los tiempos.
Rafael fue un aprendiz infatigable que no concebía la autocomplacencia ni se limitaba a repetir soluciones ya intentadas y comprobadas, sino que seguía únicamente el constante impulso hacia adelante de una imaginación inagotable. Transformó su tema central, la experiencia visionaria de la gracia divina, en una realidad pictórica visible. En especial su obra madura en Roma y sobre todo los frescos en el palacio Apostólico del Vaticano le aseguraron un lugar en la historia del arte. Admirado ya en vida como el artista más moderno de su tiempo, la maestría de Rafael allanaría el camino para el manierismo y la época barroca.