Oscuridad en los fiordos, en las calles, en las casas. Olor a pólvora, pasos en la noche, voces, miedo… Ambientados en la Segunda Guerra Mundial, los relatos recogidos en este volumen —el primer libro de la gran Torborg Nedreaas, y el que le dio fama— evocan la zozobra del pueblo noruego frente a la ocupación nazi: un estado de excepción que puso en suspenso la vida cotidiana. Estamos ante un testimonio profundo de la condición humana, concebido sin la desenvoltura de la distancia ni la perspectiva del tiempo, pues se escribieron durante el conflicto y se publicaron en 1945, cuando el país acababa de ser liberado. Hay libros llenos de verdad capaces de conservar intacto entre sus páginas un pedazo del mundo. Éste es uno de ellos.
Los destinos individuales de los protagonistas retratan la vergüenza, la impotencia y la incertidumbre, también el desconcierto, el silencio impuesto, las mentiras tácitas y las dudas. Ahora bien, más allá de la oscuridad, una tenaz aspiración a la libertad recorre estos relatos. En ellos palpitan las ganas de vivir y una sinceridad que da una fuerza conmovedora a unos textos tan duros como hermosos.
La presencia de los invasores despertará odios, pero igualmente historias de amor clandestinas y públicas muestras de colaboracionismo. En efecto, a veces con gran crudeza, en varios de sus relatos Nedreaas refiere el destino de las mujeres comprometidas en relaciones con el ocupante: jóvenes que venden sus favores a los soldados a cambio de comodidad material o que encuentran en ellos un afecto ilusorio, mientras la sociedad las rechaza violentamente. Rebelde, con una rotunda negativa a juzgarlas, Nedreaas les dio rostro y voz en una época marcada por el odio. Una rebeldía que la une a otras grandes escritoras de su tiempo, pues pertenece a una generación de combatientes que supo resurgir de las cenizas sin regodearse en la desgracia para componer una suerte de canto a la existencia, es decir, al valor de existir y entregarse a ello.