La vida de Emily Jane Brontë (1818-1848) estuvo ligada a los páramos de Yorkshire, donde su familia se mudó cuando tenía dos años. Su infancia transcurrió en un universo maravilloso, poblado de libros, arte y reinos imaginarios creados con sus hermanos, hasta la muerte de su madre en 1824. Emily fue enviada entonces, junto con sus tres hermanas mayores, a un estricto internado donde, para salvar el alma de sus alumnos, se aplicaban rigurosos castigos físicos, a causa de los cuales siempre tuvo una salud frágil y sus dos hermanas mayores fallecieron por tuberculosis. Tras sus muertes, Emily y Charlotte regresan a su hogar. En 1846, las tres hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne, la menor, se proponen escribir una novela cada una. La primera en aparecer, y con un éxito inmediato, es la de Charlotte, Jane Eyre. Anne publica Agnes Grey, y Emily la inmortal Cumbres Borrascosas en 1847.
Un año después fallece su querido hermano Branwell. Emily coge frío en el entierro y muere tres meses después, el 19 de diciembre de 1848.
Según H.P. Lovecraft «Cumbres Borrascosas» es una hito sin igual
no solo como novela sino también en la literatura de terror. Con sus demenciales panoramas de los desolados páramos de Yorkshire y las vidas atormentadas y violentas que en ellos se desarrollan, su marco excepcionalmente cósmico se presta a un horror de índole espiritual y se convierte en símbolo de una transición literaria que marca el surgimiento de una nueva escuela. El inquietante terror de Emily Brontë no es un mero eco gótico, sino la tensa expresión del estremecimiento del hombre ante lo desconocido.
Heathcliff –variante del héroe malvado byroniano–, un niño raro y misterioso que habla una especie de galimatías, aparece abandonado en la calle y es acogido por la familia Earnshaw. Entre su hija menor Catherine y Heathcliff nace un vínculo más profundo y terrible que el amor humano, una pasión imposible que se prolonga más allá de la muerte.