«Somos ricos de alegría interior, de fe en nuestras obras individuales y colectivas, de esperanza en la resurrección de nuestra patria y orgullo. Mantén bien alto, amigo mío, tu orgullo de emigrado y envuélvete en él siempre que la tiesura de tu ánimo amengüe porque somos hombres y no dioses, y por hombres aquejados de desfallecimientos. Tu orgullo te dará la reciedumbre que pasajeramente te falta. Y junto a tu orgullo individual de emigrado pon el orgullo de tu pueblo, el que se ha batido contigo o por ti durante tres años y que hoy, si ya no se bate, se debate entre ligaduras, muros y piquetes. No aceptes diálogos con quienes te digan que la derrota los ha manchado, porque existe un género de miopes morales que no sabe ver sino pegándose las cosas a los ojos...». Paulino Masip
«La finalidad de Masip en estas Cartas, que podríamos caracterizar como pertenecientes a “un género híbrido, a medio camino entre la carta y el ensayo” era la de “develar un –en apariencia imposible– “programa de armonía de contrarios”, que convertirá ese terrible accidente de la historia [el exilio] en un acto de comunión entre dos pueblos”. Obviamente, Masip defendía que el exilio republicano español tenía que asumir en 1939 un compromiso moral de “ejemplaridad” política y profesional en sus respectivos países de acogida, un compromiso si cabe mayor en el caso de los intelectuales». Manuel Aznar Soler
Un ensayo profundo, lúcido, valiente y equilibrado sobre la mayor tragedia histórica de la España del siglo XX, nuestra Guerra Civil.
Paulino Masip (La Granadella, Lérida, 1899-Cholula, México, 1963). Vivió en Logroño desde los 6 hasta los 28 años. Fundó y dirigió los periódicos El Heraldo de La Rioja y El Heraldo Riojano en los años de la dictadura de Primo de Rivera. Su carrera como dramaturgo y periodista se consolidó en Madrid, ciudad en la que estrenó Dúo, El báculo y el paraguas y La frontera, colaborando en revistas como Estampa y en el periódico El Sol. Dirigió La Voz en los años inmediatamente anteriores al estallido de la Guerra Civil, y La Vanguardia de Barcelona en 1937 y 1938. Su compromiso con la legalidad republicana le llevó al exilio en México, donde además de escribir en las revistas culturales más significativas de los exiliados (Romance, España Peregrina, Litoral, Las Españas), publicó las Cartas a un español emigrado, El diario de Hamlet García, La aventura de Marta Abril y varias colecciones de cuentos y novelas breves (La trampa, De quince llevó una, Historias de amor). Continuó escribiendo para el teatro (El hombre que hizo un milagro, El emplazado) y realizó numerosas adaptaciones y guiones cinematográficos para el cine mexicano.
María Teresa González de Garay. Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza, es profesora titular de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de La Rioja (España) desde 1994. Ha publicado estudios sobre poesía barroca, literatura del exilio republicano y poesía y narrativa hispanoamericanas. Es miembro de Gexel desde 1997.