Llegan las noticias, noticias que buscamos, noticias que aparecen, noticias que nos persiguen arrolladoras. Una tempestad de información que nunca cesa nos deja en un estupor de frío y desamparo y crea paisajes tan peregrinos e inabordables como los escenarios de esta obra. En ella, una voz sin nombre y en constante transformación nos lleva por algunos de esos paisajes y señala las heridas: países convertidosen vertederos, un hastío que se combate con el maltrato sostenido, la explosión de una pobreza que ya no cabe bajo la alfombra, concursos televisivos como armas de sedación colectiva, una ceguera galopante ante el crimen. «¿No hay lugar para lo pequeño, para lo frágil y secular?», se pregunta angustiada la narradora pluriforme y reversible, que habla hacia adentro y ve a la vez el afuera entero, pues «el mundo no tiene parcelas. Es todo uno». Hay vida, hay ímpetu, hay el humor y el amor con los que debemos henchir de valor las palabras vaciadas por la violencia y la flacura moral, antes de que la enfermedad del mundo nos devore. Y, tocadas de muerte, solo podemos transmigrar. Solo podemos «abrazar el cambio». Dolors Miquel, Lola Miquel, Lo La, vocera de Artemisa, es una fuerza de la naturaleza que con su escritura no deja ni un ángulo sin luz y que, con este texto tan alucinado como cabal, nos muestra las entrañas de la humanidad e invoca al amor.