Como decía José María Álvarez, los versos de Catulo parecen haber sido escritos por alguien cuyas referencias pueden ser otras, pero su caminar por esa altura poética es igual. Sus poemas, como las arenas de Libia, son infinitos y traspasan el devenir de los días con una intemporalidad absoluta. Es por eso que una traducción libre, de la mano del maestro Álvarez, nos ayudará a entenderlo, si cabe, mejor. Su ojo, siempre atento, pondrá el foco donde el mismo Catulo quiso que miráramos.
José María Álvarez, conocido por ser uno de los Nueve Novísimos, fue uno de los poetas más universales con que la literatura española enriquece su trayectoria. Además de ser traducida parte de su obra a varias lenguas, él también tuvo a lo largo de su vida ese afán por traducir –sine ira et studio, que decía Tácito– los versos de los poetas que amaba y que consideraba fundamentales. Es por eso que algunas de sus versiones, como la de Kavafis o Villon, siempre estarán en la memoria de un lector de poesía.
Noelia Illán, poeta, filóloga clásica y conocedora de la obra de Catulo, colaboró muchos años junto a José María Álvarez en varios trabajos relativos a su obra. En los últimos años, ambos fueron perfilando la traducción de los poemas de amor de Catulo que consideraban esenciales para entender su obra.