Hay guerras que no las libran los reyes, sino quienes aran la tierra.
En Tierra de Fronteras, Julián Cobo Martínez nos lleva al año 1150, a esa frágil línea entre Castilla y Navarra, donde el frío, el hambre y la guerra marcan el ritmo de la vida. No seguimos a caballeros ni a nobles, sino a Jon, un joven pastor que solo quiere cuidar de sus ovejas, amar a Eva y levantar un hogar con sus propias manos. A su alrededor, su padre, Galileo, y su madre, Úrsula, representan esa dignidad silenciosa del campesino que trabaja, calla y soporta las decisiones de otros.
Pero la frontera no entiende de bodas ni de sueños. Cuando las tropas castellanas cruzan el Ebro, la llamada a las armas rompe la calma. Jon, recién casado, deberá elegir entre el deber impuesto y el deseo de proteger aquello que acaba de empezar. Mientras tanto, la sombra de la ambición, el poder y la tentación —encarnadas por personajes como Jimena o el clérigo Aldous— revela un mundo donde la moral se tambalea y la inocencia se pone a prueba.
Esta novela respira campo, humo de chimenea y acero afilado. Habla de supervivencia, de clases enfrentadas, de guerras que enriquecen a unos pocos y condenan a muchos. Pero, sobre todo, habla de personas corrientes que aman, dudan y se equivocan.
Tierra de Fronteras es la narración de quienes nunca aparecen en los libros de crónicas, pero sostuvieron la Historia con sus propias manos. Un relato que te hará preguntarte qué harías tú cuando el deber y el corazón caminan en direcciones opuestas.