El libro SI VIS AMARI, AMA (Si quieres ser amado, ama), de Carlos Tundidor, contiene tres novelas cortas (Alisha, la bordadora de Benarés; Ariadna, el hilo que conduce al laberinto; y Annua, el oro de Las Médulas), tres novelas donde el amor es eje y dureza, pasión y dolor, esperanza y huida. Pero siempre el amor. Las tres novelas, tan diferenciadas en tiempo y lugar, hasta el punto de que la primera tiene su génesis en una India casi moderna, la segunda vive en el Bajo Aragón de la posguerra española y el exilio, y la última se desarrolla en la Hispania del emperador Tito, mantienen dos hilos conductores que, si no unifican, si dan sentido y razón al conjunto de la obra: sería uno de esos hilos, como dije, ese encuentro del amor con la tragedia, a veces terrible, a veces impuesta, nunca el amor intacto crecido al servicio de sí mismo; sería el otro, para no desconectar la obra de Carlos Tundidor de su propia memoria, el muestrario de unas sociedades, en las que siempre halla su sitio el realismo duro de los miserables. Personajes y lugares, valores y grietas, explotaciones y batallas, pasiones y destino. Historias que entrecruzan la fantasía poética con el realismo narrativo, la mención de los hechos con el enjambre de los bellos y, cómo no, también los turbios sentimientos.