Luis Caparrós Esperante ha escrito poesía toda su vida y solo ahora ha decidido publicarla: el recorrido de este volumen desborda su marco (2002-2022), ofreciendo la decantación de una escritura y un mundo que nos llegan en su madurez. Se trata de una historia material del tiempo, nítidas imágenes de lo que vive y de sus ausencias, sus huecos, que al cruzarse se adensan; así, las frases nominales, las enumeraciones traen el peso de lo particular, del instante, y el sucederse de los poemas teje su espesor, su densidad. Y algo de la más alta lírica germánica, su pulso de la naturaleza, resuena ahí. Si las imágenes fijan materia y sensación, su movimiento se reconoce como una ?larga espera?, la de quien, según un antiguo dictum, siembra o planta entre el hielo o bajo la tormenta. Espera y escritura se confunden. El trabajo del poeta por encontrar su forma y confiar en ella, es su manera de estar en el mundo: ?Escribe y desescribe como Penélope / Vive y desvive y se borra y se escribe y se revive...? La singularidad de Caparrós es que, llevando sus imágenes a una perfecta individualidad, construye un todo que integra tiempo y poesía, intensidad y pausa, cosas y palabras. El recorrido temporal no remite a fechas: una inesperada intemporalidad libera a las circunstancias de sí mismas, y quien dice los poemas es un nudo de voces que cambian de género, de persona o de tono, hablan y callan sin nombrarse, como si el mundo fuera un lienzo en que la vida se imprime sola, obra de muchos que llega a ser de nadie. La tensión personal de la espera, de la escritura, cristaliza en lo impersonal. Y tiene la cualidad de lo que puede seguir cambiando según la lectura fluye o se detiene, según fluye el tiempo y la voz, las voces.