Samy Reyes analiza cómo el concepto de "queer" ha colonizado las formas latinoamericanas de nombrar la sexodisidencia, borrando genealogías propias y rechazando términos como "marica", "jota" y "puto" en favor de importaciones académicas estadounidenses. A través de un recorrido que entrelaza el análisis teórico con la experiencia situada —las noches en bares clandestinos de la Ciudad de México, la resistencia lingüística, la educación deslenguada del internet y las comunidades queer urbanas—, el ensayo cuestiona el colonialismo epistémico que disfraza de universalidad académica lo que es una imposición.
El libro dialoga críticamente con trabajos como los de Paul Preciado y Gloria Anzaldúa, pero donde esos autores han sido frecuentemente canonizados sin contexto, Reyes propone una reterritorialización que reconozca los orígenes violentos de la injuria mientras rescata las múltiples formas de ser y hablar la disidencia en territorios periféricos. La voz del ensayo es deslenguada, urgente, con un tono que mezcla la argumentación teórica decolonial con la ternura autobiográfica. Reyes no trata de reconstruir la casa del amo académico, sino de hacerla arder con otras lenguas.
Este libro llegará a lectores que desconfían del esnobismo conceptual, a quienes viven la teoría desde sus cuerpos e historias locales, a estudiantes de Filosofía y teorías queer que buscan pensar desde América Latina sin abandonar la complejidad.