La muerte es, sin duda, un tema que despierta muchas prevenciones y temores. El dolor no es solo el de la desaparición física de quien amamos, sino el temor a perder la relación que compartíamos. ¿A qué pone fin la muerte? ¿Qué puede hacer y qué no puede hacer? ¿Cómo vivir en este mundo para que la muerte no haga que tu vida sea un absurdo? Este libro, a la vez académico y divulgativo, se articula en torno a términos como: acto, relación, trascendencia, libertad, espiritual, personalizante, cosificante, persona, cosa, cuerpo, forma, amor, muerte, mundo, necesidad, singularidad, propiedad, encuentro interpersonal, interioridad, intimidad, individualidad, naturaleza, agradecer, servir, perdonar, sentidos y facultades. Por ello, la concreción de la relación de intimidad a intimidad es espiritual y eterna y, la muerte no le afecta. Dicha concreción o determinación es dar forma y la muerte es el límite de las formas, pero no de la relación espiritual. Eso sí, la muerte obliga a que crezcan las formas, las viejas formas mueren y deben de aparecer unas nuevas formas. Mientras vivimos en este mundo, las formas son temporales, tras la muerte, salida del mundo, serán intemporales. Pero en ambos casos el acto es eterno, pues lo espiritual siempre lo es. El mundo, es decir, el espacio y el tiempo, es todo un regalo, pues para nosotros es la única forma que tenemos de descubrirnos como personas. Pero el mundo tiene solo una función transitoria y por eso es coyuntural (la forma mundana es temporal). Para nosotros sin mundo no hay otro. Y como la persona es una (aunque no unidad) tras la muerte el cuerpo tendrá su transformación, pero siempre somos corporales. Si el mundo es coyuntura, la muerte también es coyuntura. Pues la muerte es el fin del mundo. El mundo nos dio una forma para relacionarnos, luego la muerte pone fin a dicha forma de relacionarnos. Esta es la tesis central sobre la muerte: la muerte pone fin a la forma de relacionarnos, pero no a la relación. La muerte es garantía de la vida, porque la muerte es desprenderse de toda propiedad. Para quien la vida es agradecimiento y servicio, la muerte es un momento más de confiar en quien me trata como persona. Para quien vive en la propiedad, la muerte es un robo y una injusticia. Y, lo normal, es que todos vivamos un poco de todo Mientras tanto agradecer, servir y perdonar, no solo te permitirá disfrutar de esta vida en su máxima expresión, sino que la muerte no detendrá tu vida, solo habrá un cambio de forma. Si logramos nuestro propósito habremos conseguido a un tiempo descubrir dónde está la vida plena en esta vida y cómo ésta puede perdurar en la vida eterna.