La obra combina un relato claro y ameno para el público en general con un enfoque riguroso y original que aporta interés al ámbito académico. Ofrece una lectura distinta de una efeméride bien conocida, abordándola desde una perspectiva diferente a la tradicional. Esta fusión entre historia, arte y teoría política, propone un análisis transversal sobre un momento preciso, la muerte de Felipe IV en 1665, momento de crisis y transición. En ese contexto, las exequias reales, sus arquitecturas efímeras, el ceremonial y las decoraciones alusivas, ofrecieron una última oportunidad para proyectar la cohesión de la Monarquía y afirmar la continuidad dinástica. En pocos casos se ha llevado a cabo una recopilación tan amplia de ceremonias fúnebres de toda la Monarquía, desde Manila hasta Lecce, en Italia. El autor, tras un análisis de las propuestas visuales y simbólicas, en diálogo con los sermones panegíricos, constató que las exequias no sólo eran actos de duelo, sino también espacios de expresión política y social, recurriendo al lenguaje metafórico y a las imágenes simbólicas para transmitir opiniones más sinceras y reales. De esta forma, se convirtieron en una manifestación espontánea de la fidelidad de súbditos y autoridades, locales y virreinales, constatando que la estructura política y simbólica de la Monarquía era capaz de cohesionar a sus reinos, pese a su dispersión y complejidad jurídica. De ello da fe la construcción de ciertas imágenes comunitarias que anticipan a los símbolos nacionales. Se concluye que, gracias a la palabra y la imagen, la Monarquía Hispánica se reveló como una unidad, compacta, definida en sus límites, y unida por un sentimiento colectivo. Unidad y lealtad fueron, en suma, las claves del discurso político dirigido a todo el reino en las exequias del “Rey Sol hispano”, Felipe IV el Grande.